Autor:José Manuel Reina
Ser “Manantero”, hijo mío,
no es cantar como un poseso
las últimas melodías
de moda en ese momento,
ni tampoco cuarteleras
gritando con desenfreno,
con la voz aguardentosa
de un borracho marinero.
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No es recorrer nuestro pueblo
con un tambor mal templado
poniendo cara de entierro,
ni coger una gran “mona”,
cosa de poco acierto,
y pasearse con ella
vestido de rebateo,
golpeando con el cirio
los adoquines del suelo.
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No es dejarse siete días
la misma ropa en el cuerpo,
ni vestirse de figura,
y menos de Nazareno,
mirando hacia los balcones
con gesto carnavalero.
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Ser “Manantero”, hijo mío,
es algo mucho más serio,
es tener un corazón
que no te quepa en el pecho,
es amar a todo el mundo
a tu hermano, al forastero...
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Ser humilde, ser cristiano.
Cuando haya que ser alegre,
se alegre como el agua
de un juguetón arroyuelo,
y llorar gotas de sangre
al pasar el Nazareno.
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Si la Virgen es la rosa...
tú debes ser jardinero
que le quite las espinas.
Y de la Cruz de Jesús,
debes ser el carpintero
que rebaje sus aristas
y convierta ese Madero
en un confortable lecho¡
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Por amor, por manantero!
Es ayudar al Humilde,
es servir a cada hermano
es abrir tu corazón
en cada apretón de manos.
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Respeta los manantiales
en los que antes bebieron,
pontanenses que se han ido
pontanenses que se fueron.
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Viste los mismos ropajes
sigue los mismos ejemplos,
que dieron a nuestros padres
con cariño sus abuelos.
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¡Lucha por nuestra “Mananta”
en las sombras y en silencio!
¡Sé un guardián firme y fiel
de la tradición del pueblo!,
y cuando el Terrible quiera
llevarte con Él al cielo...
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¡Entra por la puerta grande
y al que está allí de portero,
enséñale con orgullo,
tu corazón “Manantero”!